COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS

María es la que sabe transformar una cueva de animales en la
casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura.
Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es
la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas.
Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las
penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos
que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera
que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida,
abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera
madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama
incesantemente la cercanía del amor de Dios. A través de las
distintas advocaciones marianas, ligadas generalmente a los santuarios,
comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio,
y entra a formar parte de su identidad histórica (Francisco, “Evangelii
gaudium” n. 286).

Responsable: Alfredo de Hevía

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